Hay reencuentros que te obligan a reflexionar, especialmente cuando has estudiado Psicología y estas acostumbrado a analizar a los demás.

Mi amigo Juan había compartido conmigo algunos momentos de compañerismo en una academia en Cambridge en donde estudiamos ingles por algunos meses. Siempre pensé que era una persona muy sociable, amable y sobre todo seguro de sí mismo.

Habíamos tenido algunos encuentros después de Cambridge y me había contado lo de su divorcio y lo tranquilo que se encontraba con su nueva relación. Después de cinco años de no vernos, nos cruzamos en un vuelo con destino final Barranquilla, Colombia.

Nos detuvimos a charlar de nuestras vidas y no tardó mucho en contarme que su última relación había terminado ya hacia algunos años y que desde entonces prefería estar solo y dedicarse más al trabajo y al hijo de su primer matrimonio.

“Mi exnovia y yo éramos muy felices cuando planeábamos nuestros encuentros.

Yo vivía en Bogotá y ella en Lima, así que cada dos semanas hacíamos un viaje juntos y era como vivir en una luna de miel constante.

Todo se acomodaba a nuestra conveniencia, hasta que llego el tema del matrimonio. Después de 8 años de relación, ella quería casarse”. “No creo estar listo para un compromiso así, me gusta sentirme libre y que al final, calabaza calabaza, cada uno para su casa, dijo Juan.  

Como buena Psicóloga, trate de explorar sus sentimientos y de reflexionar un poco sobre la situación, pero en ese momento Juan percibió mis intenciones, así que nos despedimos rápidamente y yo continúe con la divertida película que presentaban en el avión.

Su caso me hizo recordar la teoría del Apego de John Bowlby.

Los niños necesitan de una persona que satisfaga sus necesidades tanto físicas como emocionales, pues se ha comprobado que esto tiene un impacto en el apego que como adulto tendrá en sus relaciones amorosas.

Me preguntaba cómo había sido la relación de Juan con su madre. ¿Habría sido ella una madre ausente, que no satisfizo las necesidades de su hijo? O quizás fue el papa, quien, al no tener una comunicación efectiva con su hijo, logro fomentar en él, la ansiedad hacia el compromiso.

Los estudios actuales confirman que cuando hay carencias de parte de ambos padres, lo más probable es que se produzca un adulto que evite el compromiso o que se sienta ansioso ante el mismo.

Me hubiera gustado haber convertido esa charla en una corta sesión de psicoterapia, pero quizás no era el momento.

Juan podría ser una de esas personas que le huyen al auto análisis por temor a enfrentarse a sí mismo, a esas carencias que le resultan dolorosas y que no le permiten vivir el compromiso de tener una familia.

Una vez más debo recordarme a mí misma que como psicóloga debo despegarme un poco de ese rol, especialmente si quiero disfrutar desprevenidamente de la compañía de mis amigos.